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Año 2016. Veníamos de meses previos de fuertes lluvias, fundamentalmente en la Provincia de Córdoba y San Luis. El Río V hizo su trabajo llevando los excedentes de esas lluvias a las puertas de la Provincia de Buenos Aires y La Pampa. Allí donde las canalizaciones y obras hídricas eran casi inexistentes, al menos ante la dimensión de lo que bajaba de Córdoba.
El resultado: el agua avanzó primero por partidos como General Villegas, Rivadavia y Carlos Tejedor. Desbordando luego hacia Trenque Lauquen, Pehuajó, Carlos Casares. Se inundaron miles de hectáreas productivas, con caminos rurales cortados durante larguísimos meses, tierras que tardaron años en volver a producir.
El Río V tiene características muy especiales. Es un río endorreico: el agua termina la mayor parte del tiempo perdiéndose en lagunas pampeanas, en bañados o evaporándose. Eso explica por qué puede desaparecer durante años y luego reaparecer con inundaciones fuertes.
Muchos políticos bonaerenses (si fueran ríos) podrían ser definidos como endorreicos: son también capaces de desaparecer durante largos años y luego reaparecer en inundaciones importantes.
En estos días se ve con preocupación desde muchos distritos bonaerenses, tanto las constantes y excesivas lluvias en Córdoba, como el crecimiento rápido que se advierte en el Río V. Nadie lo quiere, y todos esperan que está vez no, pero podría ser éste el momento en el que reaparezca ese particular río con otra inundación. Y con el también aparecerán los «políticos endorreicos». A gritarse entre provincias, a concursar a ver qué intendente grita más fuerte en la zona para que así parezca una «encendida defensa» y no un camuflaje de responsabilidades.
Porque en 10 años que han pasado desde el último episodio, las obras que se realizaron en la zona han sido cero. En una década nunca, nadie, trabajó para que cuando el «río intermitente» (como también lo llaman algunos) volviera, la zona estuviera mejor preparada. 3652 días después de aquella inundación las provincias no sé reunieron a coordinar obras, no las hubo en ninguno de los 10 presupuestos de la provincia de Buenos Aires que se trataron. Tampoco fueron eje de campaña de ningún partido político en las 8 elecciones que se realizaron.
El refrán dice «el que se quema con leche, ve una vaca y llora». En este caso nuestros «políticos endorreicos» no lloran, se ríen mientras los que se queman con leche son los productores que periódicamente, generación tras generación ven que la historia se repite. Las mismas fotos, el mismo drama, las mismas pérdidas, el empezar de nuevo.
¿No será tiempo de que visto y considerando el «siga siga» para que nada cambie, desde nuestro lugar de ciudadanos demandemos a esos políticos intermitentes? Pero también y al mismo tiempo nos debemos una mirada autocrítica con nosotros mismos y nuestra pasividad ante lo evitable. Porque los dramas evitables no nacen en el momento del desastre, nacen mucho antes en la indiferencia generalizada. Esa indiferencia que termina siendo una gran incubadora de más y más políticos intermitentes.
Fuente: CampoInfo

