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Pablo Lanik: La discusión de la prohibición por ordenanza de abrir los domingos a los supermercados es de lo más retrógrado. Hoy hablando con un empleado de uno de ellos se quejaba de las extras que ya no tendrá la posibilidad de ganarse. De los franqueros que no tendrán ya sentido. Es una medida que atrasa, aunque quieran esconderla en la defensa de un trabajador que imaginan de una manera increíblemente distorsionada. Si es que había abusos el camino era más y mejores controles.
Prohibir es una respuesta rápida, simple pero demasiado pobre: parte del supuesto de que el orden se consigue quitando opciones, cuando en realidad solo esconde los problemas y quita la libertad de quienes producen y consumen. Ampliar, en cambio, implica asumir la complejidad de los problemas y gestionarlos: más oportunidades, más competencia, más capacidad de elección. Mientras la restricción achica la economía y limita derechos, la ampliación los potencia y obliga a mejorar reglas y controles. La diferencia no es solo de enfoque, es de resultados: prohibir atrasa; ampliar desarrolla.
Y el tema ya es conceptual para este sector politico, hay ejemplos y antecedentes que se relacionan aunque parezca que no tienen nada que ver: cuando hace unos años se hizo demasiado evidente que ya no podían controlar la violencia en el fútbol, también tomaron un atajo simplista, rápido, a contramano de lo que en el mundo hacen quienes gestionan de manera eficiente, y entonces prohibieron la entrada a los hinchas visitantes. El fútbol como espectáculo cambió para mal y para siempre.
Hay medidas que son sintomáticas de quienes eligen esquivar los problemas en lugar de solucionarlos.
O tal vez todavía añoren aquellos tristes días en los que nos encerraban y determinaban quién podía trabajar y quien no, quien podía entrar y por cual acceso, que negocios podían abrir y cuáles debían fundirse.

