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Hay belleza en la verdad, incluso aún cuando la verdad sea horrible.
En la esquina de las calles Godoy y Gonzalez del Solar me sorprendió la visión de un cartel colgado de las rejas de la Escuela Normal.
Ya no se enseña a leer y escribir, ni la tabla del 2, pero se adoctrina desde primer grado.
Un gran pañuelo blanco, junto al número 30.000, pregunta ¿dónde están? con una frase final que nos recuerda que “la verdad aún sigue secuestrada”.
Me aferré a la belleza de la verdad que encontré en el final de la frase, “la verdad sigue secuestrada”, justo lo que afirma D’Angelo en su libro “Mentirás tus Muertos: falsedades y millones detrás del mito de los 30.000 desaparecidos”.
Recordé cuando José vino a presentar su libro a Pehuajó y fue repudiado y cancelado por los dueños del relato. Es cierto que la verdad sigue secuestrada.
Muchachos: “Nadie dejó cagada por hacer” dice José, pero nadie tiene ganas de oír la verdad porque creen que con echarle todas las culpas a los soldados, la sociedad va a expulsar todos sus demonios. Así nos va con la verdad secuestrada.
José D’Angelo cree que puede mostrar en una película el escenario de los años 70 y lucha contra las fuerzas de la cancelación para dar a luz como ERP y Montoneros le declaran la guerra sin cuartel a Perón. Él sabe que a los argentinos no les importa lo que dice Santucho desde el órgano informativo del ERP, ni Montoneros con Evita montonera o el Che en su manual de la revolución. no importa cuan autoincriminatorio sea el terrorismo sobre sus crímenes, los malos, siempre son los militares.
Y la guerra continúa hoy, dice José convertido en cineasta.
El protagonista central de la película es Juan Domingo Perón cuando la izquierda se le para enfrente. Obvio, nadie quiere pararse frente a ese espejo porque se perdería el capital simbólico que significa ser Caperucita hablando de lo malo y feroz que es el lobo.
El establishment aprovechó los excesos en los métodos de la represión y le regaló a la izquierda el control del discurso de los DDHH. Cuando los ricos argentinos (empresarios, políticos, medios de comunicación, Iglesia, etc), que conservaron sus privilegios gracias a la intervención militar, encontraron la excusa de los métodos empleados en la guerra, les soltaron la mano y los demonizaron. Es por eso que la historia la escribieron los perdedores y no los que ganaron la guerra, que hoy están presos muriendo en la mazmorra.
El establishment le regaló a la izquierda el monopolio del relato y todos lo sabemos.
Participamos de la mentira permitiendo que adoctrinen a nuestros hijos en line con el relato.
Usan la palabra “Memoria” que es lábil, hay que volver a la contundencia de los hechos y los datos y no hay que sacar conclusiones por el espectador. Hay que contar y reflexionar con apego a la verdad sobre lo que pasó y también sobre lo que lo desencadenó.
Sobre los 70, tenemos “La historia oficial” “La noche de los lápices”, “Garage olimpo”, “Sinfonía para Ana” “1978”. “Argentina 1985” etc, etc, todas películas de la misma lábil memoria, orientadas en el mismo sentido y apoyadas por la industria, los artistas, la cultura, los medios y el público. Todos con el mismo sesgo.
Jose D’Angelo no consiguió financiación, productores, dirección ni actores, todo lo llevó adelante a pulmón.
La Cultura y el cine están totalmente cooptados por la izquierda y financiados por el capitalismo de las plataformas al servicio de las agendas globalistas.
El CEO de la plataforma más importante (Netflix), sentado frente D’Angelo, luego de contarle que en su juventud había militado para la izquierda, le dijo, a modo de sentencia, que nadie de “la industria” les hará esta película
La verdad no solo está secuestrada, está sentenciada.
Se viene “1975”, ya tengo doble balde de pochoclo.

