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La Argentina en general y nuestra provincia de Buenos Aires muestra una enorme paradoja: tiene recursos humanos, tierra, puertos y tradición industrial, pero compite con un lastre fiscal que tiene tres pisos:
Nación. Los derechos de exportación son el principal factor de presión fiscal cómo ejemplo sobre el agro. Aunque la soja bajó de 33% a 24% en esta gestión, el índice FADA marcó 61,9% de presión fiscal sobre una hectárea agrícola en junio. El cronograma prevé 21% para la soja a fines de 2027 y 15% a fines de 2028. Brasil, Uruguay y Estados Unidos, en cambio, no aplican derechos de exportación a sus productos agropecuarios.
Provincia. Ingresos Brutos grava cada etapa de la cadena y genera un efecto cascada. La UIPBA estima que su presión efectiva sobre el valor agregado industrial es de 4,7% en territorio bonaerense, frente a 3,5% en Córdoba y 3,6% en Santa Fe, y la UIA señala que la Argentina es uno de solo tres países que lo aplican. Para Idesa, lo más distorsivo son los regímenes de pago anticipado, y el tributo equivale en la práctica a 24 impuestos distintos. Además, la Ley Impositiva 2026 reformuló las alícuotas reducidas con más tramos de facturación, lo que según estudios tributarios implica un aumento implícito de la carga.
Municipios. Muchas tasas municipales toman como base los mismos ingresos que Ingresos Brutos, lo que configura una doble imposición. Se suman a un sistema que, según el IARAF, reúne unos 150 tributos y tasas.
Hay una hipótesis interesante: si solamente en los últimos 30 años el sistema fiscal hubiera operado con la carga de sus competidores directos, la ecuación habría sido distinta. Sin derechos de exportación, con un impuesto a las ventas de base única y sin superposición municipal, cada peso de margen se habría reinvertido en maquinaria, tecnología, escala exportadora y empleo formal. Un productor bonaerense habría competido en igualdad con uno de Mato Grosso, y una pyme de Tandil o San Nicolás habría pagado menos por insumos encadenados. En relación a esto último cómo ejemplo las cámaras empresarias en las provincias lo resumen así: Ingresos Brutos es un tributo distorsivo que penaliza el valor agregado y resta competitividad.
Competir en igualdad de condiciones no es un reclamo sectorial: es una condición básica para que la inversión, el empleo y las exportaciones crezcan. Reducir derechos de exportación según el cronograma previsto, reemplazar progresivamente Ingresos Brutos por un impuesto de base única y ordenar las tasas municipales para que no graven dos veces la misma actividad no implica resignar recaudación sin más: implica construir una base tributaria más amplia, más previsible y menos distorsiva. La Argentina y la provincia de Buenos Aires tienen con qué disputar los mercados del mundo, pero mientras cada eslabón de la cadena cargue con un peso que sus competidores no soportan, seguirán corriendo con ventaja en contra. Un marco fiscal competitivo no es un privilegio para el campo o la industria; es la herramienta que permite que el esfuerzo productivo se traduzca en desarrollo para todos.
Fuente: CampoInfo

