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Volver a hablar de tasas no es un capricho: es que los abusos parecen ser cada día más evidentes, y hasta obscenos.
Un caso emblemático: hace dos años, Pehuajó fue uno de los municipios que implementó una tasa (en la práctica impuesto) a los combustibles, cuya recaudación —en los papeles— iría a reparación y conservación de la red vial. Nunca ocurrió. La denuncia judicial que impulsaron productores, vecinos y concejales obtuvo fallo favorable en primera instancia, y cuando se encaminaba a una sentencia contundente en el Tribunal de alzada, la creatividad oficial parió una matrioshka fiscal: cuando desaparece una tasa, adentro esconde otra de reemplazo, generalmente aún más absurda que la anterior.
El propio oficialismo, con una sentencia adversa a la vista, presentó ante el Concejo Deliberante la derogación de la llamada Tasa a los Combustibles. Pero en el mismo acto introdujo una nueva: la «Tasa de Mitigación de Huella de Carbono», que también aplica una alícuota del 2,5% a los combustibles y 2% al GNC.
Analicemos el hecho imponible: «prestación de los servicios públicos de monitoreo y control de calidad del aire, gestión de riesgos derivados de fenómenos climáticos externos, mantenimiento de la infraestructura afectada por el impacto ambiental de la combustión y la creación de programas de remediación y compensación de gases de efecto invernadero». Textual. Sin agregarle una coma. En la práctica: un impuesto al aire, escrito y firmado sin el menor pudor.
Es, además, una burla a cielo abierto a la Justicia, un atajo para eludir sus decisiones, y una bofetada a todos los contribuyentes de Pehuajó y a quienes circulen por ese partido del noroeste bonaerense y carguen combustible.
Las preguntas se acumulan: ¿Seguirá el Tribunal de Cuentas mirando para otro lado? ¿Continuarán los contribuyentes adormecidos? ¿No castigará la Justicia una maniobra tan burda?
Quizás sea mucho pedir. Pero hasta el agua más tranquila, si se la agita demasiado, termina desbordando.
Fuente: CampoInfo

