Menos consigna, más eficiencia: la discusión fiscal que importa

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Cuando el objetivo es mejorar la economía de manera estructural —no coyuntural ni electoral— la discusión sobre los costos fiscales es inevitable.

La mayoría de los especialistas coinciden en que el costo fiscal no es solo “gasto”: es, antes que nada, presión sobre el sector productivo. Cuando la carga tributaria es alta en relación con el PBI y el ingreso real, se desalienta la inversión, se achican los márgenes empresarios, se encarece el empleo formal y se incentiva la informalidad.

El problema deja de ser únicamente cuánto se recauda, y pasa a ser cómo impacta ese esquema en la productividad. Entonces, ¿qué camino recorrieron los países que lograron revertir sistemas asfixiantes? Simplificación tributaria y reducción —o eliminación— de impuestos distorsivos en todos los niveles del Estado (nacional, provincial y municipal, en el caso argentino).

En tiempos de eslóganes sobre un supuesto “Estado presente”, conviene recordar algo básico: el gasto público improductivo genera un “impuesto oculto”. No todo gasto es negativo. La infraestructura, la educación de calidad y una justicia eficiente aumentan la productividad. Pero los subsidios mal focalizados, las estructuras burocráticas enormes y redundantes, las empresas públicas crónicamente deficitarias y los programas superpuestos se financian con más impuestos o con inflación. No hay otra vía.

Ahora bien, bajar impuestos no es una decisión que se decrete de un día para otro. Primero debe corregirse el déficit y hacer eficiente el gasto. No hay atajos.

No existe crecimiento sostenible con un Estado que cuesta más de lo que la economía puede financiar. Cada peso que el Estado gasta mal es un peso que alguien tuvo que producir al límite de sus posibilidades o incluso más allá. A muchos sectores todavía les cuesta entender que el sector privado no es un enemigo al que gravar, sino la fuente de los recursos que el propio Estado administra.

No se trata de un “Estado presente” en todo y en todos lados, incluso interfiriendo la actividad productiva. La clave es un Estado eficiente, que garantice reglas claras, servicios esenciales de calidad y condiciones estables para crecer. Nunca será magia.

Fuente: CampoInfo

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