TEKE por Juan Martin Perkins

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Cuanta razón tenían Alberto Cortez y Facundo Cabrál con su canción.  

Es muy cierto que cuando un amigo se va, deja un espacio vacío que no se puede llenar ni con la llegada de otro amigo. 

Es así, tal cual.

Sobre todo cuando se trató de un amigo de la infancia, adolescencia y juventud cuya amistad franca, desinteresada y generosa que duró toda la vida, hizo honor a la definición Borgeana que dice que la amistad es uno de los vínculos más puros y nobles de la existencia por no necesitar de la presencia constante ni de las confidencias íntimas para mantenerse fuerte.

Gracias amigo por distinguirme con tu amistad.

Por todos los años jóvenes en que éramos proyecto, y por los otros últimos en que nos sentábamos a charlar complacidos por los logros familiares.

Buen padre, buen profesional, buen ciudadano, pero sobre todo buen tipo.

Te voy a extrañar amigo.

Nunca olvidaré nuestras jarras de Nesquik helado a la salida del colegio en la casa de tus padres de la calle Gutierrez, las vueltas a fondo en la Gilera 200 y tantas aventuras que vivimos juntos.

Teke querido, que temprana y sorpresiva es tu partida, que descanses en brazos del Señor.

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