SHEREZADE por Juan Martin Perkins

Loading

Un Zurrón no es un Zurro grande por más jetón que sea, es una bolsa grande de cuero que se lleva colgada al hombro en bandolera, como llevaban los 40 ladrones del cuento del leñador Alí Babá.

No es que tenga la idea fija o me haya resentido con tanto pillaje de los bandoleros ladrones de la política vernácula, pero estoy leyendo “Las mil y una noches” y al llegar a la noche 850 Sherezade, la esposa del Sultan Shahriar, describe los zurrones cargados con el producto del saqueo y se me dispara la imaginación. 

“Sésamo ábrete» y las puertas se abren para que los ladrones entren a la cueva y descarguen los zurrones de dólares termosellados y euros de 500 como los que exigía el sultán de Santa cruz y la princesa tobillera. 

Siempre es igual de fantástico, tanto en un cuento popular musulmán del siglo IX o en las calles de Lomas de Zamora o cualquier municipio donde opere la banda. . 

En el vestidor de Jésica Cirio, en el Yate Bandido de Insaurralde, en el baño de Felisa, en el convento de los bolsos de Lopez, en la cueva “Rosadita” de Baez o los enjuagues de Fred Machado o idiotas como Adorni que no son menos que La lámpara de Aladino, Alí Babá y los 40 ladrones, Los siete viajes de Simbad el marino o cualquier relato extraído de “Las mil noches y una noche” donde uno puede apreciar, a lo largo de toda su lectura, que se trata de una cultura que no es la nuestra.

No se trata de un libro para niños ni para mujeres exclusivamente y queda claro que todos los conflictos se resuelven cortando cabezas a cimitarra limpia.

Me recuerda al kirchnerismo porque, al margen de la corrupción, queda claro que se trata de un sistema con el cual no compartimos ni una sola consigna de la agenda.

Como occidentales y cristianos, nosotros no apedreamos mujeres hasta matarlas, no las obligamos a casarse a los 9 años, no les extirpamos el clítoris, no arrojamos homosexuales desde las azoteas, no cortamos cabezas ni cometemos una cantidad de salvajadas más que en la cultura de la cimitarra se aceptan con naturalidad.

La corrupción es solo un ítem de la agenda perversa del globalismo socialista del siglo 21 y no me digas que yo mezclo todo porque claro está que todo está mezclado hace rato.

El resultado está a la vista en Venezuela, donde el terremoto solo deja expuesto lo que ya se había encargado de destruir el socialismo del siglo 21 con la dictadura chavista que tanto impulsó y sostuvo el kirchnerismo.

Sumadas a las 9 millones de almas en pena que andan por el mundo, las que se quedaron en su patria bajo las botas de la dictadura, las balas, las tanquetas, los palos y la cárcel, hoy son la imágen de lo que gracias a Dios pudimos evitar ser.

Está a la vista, junto a Cuba todo era una gran mentira que hoy clama por ayuda desde la indigencia. Es mucho más que un desastre natural.

Es el quebranto total de dos estados, traspasados por la corrupción, el fanatismo y el populismo de una clase política que ha dejado a la sociedad en absoluta soledad.

Enterrados frente a los ojos impávidos de sus familiares que sobrevivieron y de los funcionarios públicos corruptos e ineptos, que son incapaces de afrontar el desastre.

Toda una gran metáfora del socialismo y la prueba de que la realidad siempre supera a la ficción.

Mejor sigo con las historias de Sherezade en “Las mil y una noches”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *