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En primer lugar, digamos lo obvio: es una burrada detener un país tres meses cada dos años para elegir quién nos seguirá estafando.
En segundo lugar, y como consecuencia de los resultados electorales, va mi metáfora:
El Frente de Todos fue el Titanic; LLA, el barco de rescate. Ante el inevitable hundimiento del “invencible”, llegó al auxilio un barco pirata.
Sí, pirata, porque prometió lugar a quienes se esfuerzan y reconoció el fruto del trabajo… pero rompió el código de las mujeres y los niños primero, dándole prioridad a hermanos y amigos de siempre.
Como buenos piratas, no quisieron marineros de otros barcos: tiraron al agua a Macri, Villarruel, Mondino, Paoltroni, entre otros.
Subieron al hombre del Garfio (Scioli) e inventaron un Tuerto (Karina).
Y, en lugar de cumplir las promesas de campaña —liberar la economía, expandir fronteras, sembrar más, producir más, gastar menos—, pasaron el rastrillo, secaron economías regionales, perfeccionaron el SISA, abrieron blanqueos y pidieron los ahorros del colchón para equilibrar “la Macro” (la Macro son ellos mismos).
Pero confianza y corrupción son antónimos, igual que producción e impuestos.
No podemos volver al Titanic, ni andar en balsas armadas con maderas que flotan. Hay que dominar a los piratas y llevar el barco al destino prometido.
Robar siempre estuvo mal; mantener parásitos también.
El riesgo de que fracase Milei es que las culpas se le atribuyan a las ideas, y entonces quedemos condenados a 20 años de comunismo.
Precisamos que corrija el rumbo: delincuentes afuera. Tabula rasa las pelotas.
En mi ciudad (Pehuajó) ganó Zurro porque la coordinación de LLA fue estúpida: se fanatizó al estilo de La Cámpora.
No se trata de “Kirchnerismo nunca más”. Se trata de corrupción nunca más.

