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En 1987, me mude a la capital, siguiendo el rumbo de tantos chicos de la
zona en busca de un futuro profesional. Justo ese año, fue el de las
grandes inundaciones del noroeste de la provincia; producto de la
liberación del exceso hídrico que soportaban los ríos Tercero y Cuarto de
Córdoba. Los chacareros de esa zona habían decido abrir compuertas en
sus propiedades a fin de que el agua drenara de sus tierras inundadas;
producto del desborde de sus torrentes.
Los memoriosos aún recuerdan el enfrentamiento casi cara a cara de las
policías de ambas provincias, que por poco no termina en un
enfrentamiento armado.
No era la primera vez que la ciudad recibía el embate de las aguas y por lo
que puedo observar tampoco la última. Recuerdo otra de principios de los
años setenta, en la que amanecimos con mi familia con el agua dentro de
nuestros cuartos, situación que para mis ojos de niño nunca se borró de
mi mente.
Hoy ya no visito tanto mi querida ciudad, pero continuo en contacto con
muchos de los que compartí mi infancia y mi adolescencia; y veo con
extraña amargura que la ciudad continua con las mismas dificultades que
dejé atrás cuando Salí de ella.
En más de treinta y siete años sus gobernantes y por ende sus habitantes
no han podido resolver el grave problema de las inundaciones, pero
tampoco el severo problema de la escasez de agua potable y por
consiguiente el obligado consumo del líquido elemento cargado de
arsénico por parte de su población.
Ni siquiera Pablo Zurro con sus cinco mandatos ha podido resolver el
desborde de los desechos cloacales. Todas cuestiones elementales para el
asentamiento de grupos humanos.
Tal vez sea la razón por la cual el índice poblacional de Pehuajo no crece
desde el censo realizado en los años ochenta. ¿Que están esperando
pehuajenses?


Amigo tuve y tengo las mía vivencias .
Como a vos me agarro en mi infancia y adolecencia y me marcó mucho, ya que también me hizo cambiar de rumbo .
Tengo 59 años y es muy triste y frustrante ver que pasa el tiempo y todo sigue igual.
Recuerdo hablar con mi padre y los de su generación, un poco en broma un poco serio reprochandoles el país que nos dejaban y hoy me está pasando a mi con mis hijos que no me reprochan nada pero no es necesario , yo igual me siento frustrado. Pero que le vamos hacer seremos pecho frío.