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Para nunca mezclar peras con manzanas
En los últimos días se difundió un cuadro en el que basado en el importe que los municipios cobran por sus tasas, se establecía un “supuesto ranking” de la presión fiscal de cada municipio de la Provincia. No faltaron algunos que hasta salieron a “festejar” no figurar en el top 10. Pero -la verdad sea dicha- esos números (tabla incluida) ni siquiera tienen el valor de ser una referencia.
Muchas veces hablamos desde estas líneas que si decimos tasa municipal estamos hablando de lo que el vecino paga por un servicio que le presta su municipio. Esa es de hecho la definición de una tasa. La pregunta sería ¿Qué valor tiene rankear lo que se paga sin tener en cuenta el servicio que se presta a cambio?.
Los ejemplos suelen graficarlo mejor. Juguemos a armar un ranking de restaurantes de la ciudad donde vivimos, ordenándolos de los más económicos a los más costosos. Supongamos que el restaurante A (primero en la tabla de los más económicos) cobra solamente $ 10.000 por un servicio de almuerzo. Y al fondo de esa tabla aparece el restaurante B que cobra $ 70.000. Antes de apurarnos a armar la tablita lo primero sería probar ambos servicios: en el A, nos prometieron servirnos la comida, la esperamos, la reclamamos, la volvimos a reclamar y ya resignados cuando nos retirábamos se nos cobró compulsivamente los $ 10.000 sin probar bocado. Nuestros abuelos dirían “regalado ya era caro”. Vamos entonces al restaurante B, donde nos atienden en un lugar agradable, con un servicio rápido y eficiente, comida rica y abundante. Pagar los $ 70.000 sí que valieron la pena, y en proporción resultó infinitamente más barato que los $ 10,000 que pagamos por la nada misma.
Llevémoslo al tema tasas: hace unos días un productor del Partido de Pehuajó (Bs. As.) comentaba que a su predio lo rodean tres caminos rurales. El primero que aproximadamente implica un 50 %, fue reparado por ultima vez el siglo pasado, más específicamente en el año 1975 coincidiendo con un evento de inundaciones que afectó a ese Distrito bonaerense. Los otros dos caminos (el restante 50 %) llevan entre dos y tres años sin ver pasar una sola máquina vial. Volvemos a recordar a la abuela: “regalado es caro”.
Pagar por nada es carísimo, y el importe nominal en pesos no tiene ningún valor estadístico. Pagar por nada solo es un enorme negocio redondo para el Estado, y el sueño más utópico de cualquier privado: vender frasquitos de colores llenos de promesas a precio de oro.
Por eso para no mezclar peras con manzanas conviene decir que el estado de los caminos rurales en muchísimos Distritos provinciales son calamitosos. Y no lo son por situaciones coyunturales de lluvias, sino por décadas y décadas de abandono. Ya lo dice la Justicia con sus peritos. No hay nada para festejar, y lo saben no sólo los productores y trabajadores agropecuarios que lo utilizan diariamente, sino también los docentes rurales y sus alumnos que deben emprender en muchos casos verdaderas travesías para poder llegar a educar y educarse. Aunque su Intendente esté festejando desde el cómodo asfalto que su tasa no está entre las más caras de la provincia.
Fuente: CampoInfo

