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Por supuesto que tenemos que celebrar todo evento que resalte nuestra tradición y nuestra identidad.
Pero ya que hablamos de tradición, de identidad y de Hernández, es una fecha en la que podemos hablar también de Rafael Hernández (su hermano). Porque ésta podría ser una excelente fecha para celebrar el 44 aniversario de nuestro Museo Regional Rafael Hernández. Haciendo un poquito de historia por la ley N° 8744, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires cedió al municipio de Pehuajó el casco del campo La Pastora que perteneciera a José Hernández, «con destino exclusivo para la creación de un museo regional y la instalación de un parque recreativo».
Justamente el sábado 8 de noviembre de 1980, se inauguró con una ceremonia oficial nuestro Museo regional, que contaba por entonces con 4 salas, llenas de objetos y documentación de valor historiográfico genuino qué hacían a nuestra historia e identidad, como el escritorio y el sillón del primer intendente, una gran cantidad de obras del artista plástico Aníbal Vicente Ortega, una colección inmensa de fotografías antiguas, uno de los poquísimos ejemplares de la primera edición del primer libro de Pehuajó, obra justamente de Rafael Hernández, instrumentos musicales, armas, etc, etc, etc, que completaban unos 800 elementos en total.
Y allí funcionó nuestro Museo hasta el 12 de septiembre de 1986, fecha en la cual mediante decreto municipal N° 589 se lo trasladó a la planta urbana por el anegamiento del predio por inundaciones.
El primer lugar adonde se lo trasladó fue a calle Rivarola y Artigas, más tarde pasó a funcionar en la calle H. Irigoyen, entre Echeverría y Del Valle, antigua casa que perteneciera al señor Salvador Duhart.
Luego pasó a funcionar en las instalaciones de la llamada Escuela Municipal y por último reubicado en la estación de trenes Domingo Faustino Sarmiento, en la oficina de encomiendas. Allí abrió sus puertas hasta que fue cerrado en septiembre de 2014 «para ser refaccionando» según se anunció oficialmente desde el Municipio. Han pasado ya 10 años sin que se reabriera, y sin que se respondiera siquiera uno solo de los tantos pedidos de informe sobre el destino de su irreemplazable contenido, porque no debe haber nada que nos represente más como pehuajenses en relación a nuestra historia y a nuestra identidad como Distrito y como habitantes de este querido lugar.
Este domingo cuando deberíamos celebrar los felices 44 años de su inauguración, tristemente recordaremos también una década que ha pasado ya desde aquel día en que se anunció que se cerraba brevemente para su refacción.
La identidad y la tradición además de nombrarlas como palabras que suenan bien y bonito, se deberían respetar en su significado y ser coherentes con las acciones. Una década de espera de un lugar al que ya es evidente que no se lo respetó como depositario de nuestra historia y nuestra identidad. Y finalmente insisto con una pregunta (a esta altura lamentablemente retórica): ¿que habrá sido de esos casi 1000 elementos de nuestra historia después de estos 10 años?.

