El Torreón del Monje: la historia del castillo inventado

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Hay un edificio en Mar del Plata que no solo parece sacado de otra época, sino también de otro continente. Está clavado sobre las rocas de Punta Piedras y se llama Torreón del Monje y su historia es tan rara como su existencia. Si buscás micros a Mar del Plata lo podés conocer. 

El que lo mandó a construir fue Ernesto Tornquist, un empresario porteño con más plata que paciencia, que a principios de 1900 se había convertido en una especie de benefactor oficioso de Mar del Plata. Tornquist le encargó al arquitecto alemán Karl Nordmann un mirador con forma de castillo normando y lo donó a la ciudad. 

Pero Tornquist no se conformó con regalar un edificio lindo. Como quería darle un pasado épico, hizo circular un manuscrito que supuestamente había encontrado en un cofre. Lo atribuyó a un cronista del siglo XVII, un tal Padre Antonio Santillán. 

La historia que contaba era que a fines del 1600, un soldado español se enamoró de una indígena. Un cacique, celoso, atacó la torre y la secuestró. Cuando el soldado lo acorraló, el cacique se tiró al mar desde la barranca con ella antes de entregarla. El soldado recuperó la fortaleza, pero vivió el resto de sus días encerrado ahí, convertido en monje. Todo fue inventado, basado en una obra del escritor chileno Alberto del Solar.

La historia en la vida real fue bastante menos romántica. En los años 20 ampliaron la terraza y ahí se instaló el Pigeon Club, donde la élite veraneante practicaba tiro al pichón con escopetas calibre 12.70. En los 40, el edificio pasó a ser sede del Círculo de Oficiales de la Marina. A fines de los 60, cerró. Y se quedó abandonado más de diez años. Incluso se habló de demolerlo.

En 1979, un empresario marplatense llamado Domingo Parato decidió rescatarlo. Reforzó la pedana entera, armó tres subniveles de salones, construyó dos escolleras y sembró arena donde antes había piedras y ruinas. Donde no existía playa, hizo una. En 1993 lo declararon Bien de Interés Patrimonial. Hoy pasan más de 2500 personas por día en temporada alta, y la familia Parato sigue a cargo.

La historia sigue hasta hoy. En enero de este año, la heladería Lucciano’s inauguró una sucursal adentro del Torreón. El muralista Martín Ron pintó los techos del local con escenas de la vida de playa marplatense. Así que ahora el castillo normando que inventó un millonario porteño en 1904 funciona como heladería, salón de eventos y mirador.

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