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En Pehuajó, alumnos en guardapolvo marcharon con guitarra y torta para cantarle el feliz cumpleaños a Cacho Margarucci, de 93 años. Un emotivo gesto escolar que conmovió a todo el barrio.
Las veredas de Pehuajó suelen ser tranquilas a media mañana, los vecinos conocen de memoria el andar de cada quien. Pero este martes la rutina se rompió por completo y el sonido que atravesó la cuadra fue una hilera de voces afinadas a la fuerza, una guitarra española y el murmullo expectante de decenas de zapatillas escolares marchando al mismo ritmo.
Los alumnos de la escuela del barrio salieron a la calle con los guardapolvos blancos impecables, custodiando una torta casera donde flameaba el número 93. El destino era la puerta de Cacho Margarucci, el vecino histórico al que todos en la zona saludan al pasar. En tiempos donde el ritmo diario posterga los cruces cotidianos, los chicos decidieron hacer un alto en la jornada lectiva para regalarle algo que no cabe en un paquete: tiempo y afecto.
Se plantaron frente a la reja, acomodaron el instrumento y arrancaron con un “Feliz cumpleaños” retumbante que hizo que los pájaros volaran de los árboles del frente. A los pocos segundos, la puerta principal se abrió despacio. Cacho apareció en el umbral. Llevaba las manos juntas a la altura del pecho, como intentando contener el pecho, y una sonrisa temblorosa que delataba el impacto del gesto. Mientras los chicos cantaban a viva voz, el hombre recorría la escena con la mirada limpia, observando a cada nene con el orgullo filial con el que se mira a los propios nietos.
El momento, registrado por la cámara de un celular, tardó pocas horas en circular por las redes sociales hasta volverse viral. Sin embargo, más allá de la pantalla y la efímera fama digital, lo que queda afincado en la memoria de Pehuajó es la belleza de lo simple. En una mañana cualquiera, una escuela decidió cruzar la calle para recordarle a un anciano que su historia importa, dejándole un recuerdo encendido para siempre.

