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La profunda tristeza que hoy me conmueve como así también a Pehuajó ante la trágica pérdida de un joven de 17 años me y nos obliga a reflexionar, no desde el juicio, sino desde el dolor compartido y la necesidad urgente de cuidarnos. Ninguna familia debería pasar por este sufrimiento devastador.
Más allá de las causas que la justicia determine, esta tragedia debe ser un punto de inflexión para toda nuestra comunidad. Detrás de cada número hay un nombre, una familia rota y un futuro truncado.
Cada vecino de nuestra ciudad (en la cual me incluyo)no debe olvidar que la prevención vial empieza por nosotros mismos. Tomar conciencia al volante, respetar los límites de velocidad, usar el casco y conducir a la defensiva no son opcionales; son las decisiones cotidianas que salvan vidas. Cuidarnos es un acto de amor, respeto mutuo y empatía práctica.
A nuestras autoridades municipales y Policía de Tránsito u otros relacionados con lo mencionado, (con el máximo respeto por su labor), hoy los vecinos necesitamos sentir que el orden vial es una prioridad absoluta e impostergable. Les solicito, con un sentido de urgencia comunitaria, la implementación de controles más estrictos, medidas preventivas aplicadas diariamente y un ordenamiento integral del tránsito que proteja de manera efectiva a los más vulnerables en la vía pública.
Que el dolor que hoy nos une como pehuajenses se transforme en un compromiso firme por la vida. No podemos recuperar lo perdido, pero sí podemos y debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que no vuelva a suceder. Mis más sentidas condolencias a sus familiares y seres queridos

