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Sé que algunos dirán: «Este Zaratiegui lo único que sabe hacer es criticar». Y sí, cuando considero que corresponde, lo hago. Pero también debemos distinguir que existen dos tipos de críticas: la constructiva, que al menos procura aportar algo, y la despectiva o peyorativa, vacía de contenido. Son cosas muy diferentes.
Esta mañana concurrí al acto en homenaje a nuestra ciudad cabecera. Me llamó poderosamente la atención que no se hiciera ninguna mención a una figura tan trascendental para la historia de Pehuajó como Manuel Trejo, primer intendente elegido por el voto popular en 1890. De allí surge la expresión «el Sillón de Trejo», utilizada hasta hoy como sinónimo del cargo de intendente. Además, fue fundador de la localidad de Chiclana.
Pero no solo eso. También existen los lazos históricos que, a través de la familia Trejo, unen a Pehuajó con Trenque Lauquen. A modo de breve reseña, Anselmo «El Manco» Trejo, figura muy recordada en la historia trenquelauquense, fue un soldado fortinero del Regimiento 3 de Fierro. Perdió uno de sus brazos en combate contra los pueblos originarios y, finalizadas las campañas del desierto, se desempeñó como policía de la vecina ciudad, donde ganó fama por su valentía y por ser el temor de los delincuentes de la época. Su familia quedó profundamente ligada a la historia de nuestra región, y su hijo Manuel Trejo se convirtió luego en el primer intendente de Pehuajó elegido por el voto popular.
Más aún, en nuestra ciudad conviven descendientes de aquel histórico fortinero y de quien fuera el primer intendente pehuajense.
Son pequeños detalles, pero forman parte de la historia y de la identidad de Pehuajó. Por eso considero que, en un acto por el 143º aniversario de la ciudad, una figura de semejante importancia merecía, al menos, una mención. Son aspectos de nuestra historia que un intendente con cinco mandatos no debería pasar por alto.

