![]()
Fue un parto: nueve meses tarde llegó la declaración de emergencia agropecuaria por inundaciones en el Partido de Pehuajó. Nueve meses después, casi cuando los avatares meteorológicos están en el otro extremo y podría empezar a analizarse en algunos sectores un pedido de emergencia agropecuaria por sequía, la medida no solo no tiene los efectos que debería , sino que constituye en si misma una falta de respeto al sector que mueve la rueda productiva de ese partido bonaerense. Paralelamente la barrera burocrática que el propio Estado ha determinado para acceder al beneficio es digna de una pelicula de terror; gestionar claves, docenas de formularios y trámites que la vuelven demasiado engorrosa, casi inviable.
Cuando un paliativo de este tipo llega tarde, ya no es una solución: es un relato que solo sirve para generar títulos tan grandilocuentes como inútiles y vacíos.
Por supuesto que en estos casos molesta la ineficiencia, pero hay algo que es mucho peor. Porque no TODO el Estado es ineficiente: cuando un productor se retrasa horas con un pago tributario, ese mismo Estado demuestra una eficiencia inmediata para emplazar, amonestar y cobrar intereses. No tarda nueve meses, lo hace inmediatamente.
Entonces el Estado de eficiencia selectiva demuestra que nunca será un Estado Presente cuando se lo necesita. No será ese socio que ayude a un sector que lo requiere. La necesidad de un Estado Eficiente se vuelve central: queda comprobado que la eficiencia no se nide por tamaño sino por resultados, que más Estado nunca será mejor Estado, sino que mejor Estado es un Estado que llega a tiempo. Discutir sobre la actual inflación burocrática es una necesidad imperiosa, tanto como para ser el eje que devuelva al Estado la función que nunca debería haber perdido. Porque la omnipresencia estatal es un buen escondite para la incapacidad de una gestión.
Fuente: CampoInfo

