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La cuenca del Salado es enorme: unas 17 millones de hectáreas que producen 1 de cada 4 kilos de granos del país y concentran más de una cuarta parte del ganado argentino.
Hoy, más de 3,8 millones de hectáreas productivas ya están afectadas por el agua. Según CARBAP, eso significa unos USD 2.000 millones que dejarían de ingresar a la economía en 2026. Y la falta de obras del Plan Maestro del Río Salado le cuesta a la región más de USD 5.000 millones por año.
¿Cuánto es eso? Con costos estimados, USD 2.000 millones equivalen a:
unas 40.000 viviendas sociales
unas 20.000 cuadras de pavimento
Y si hablamos de los USD 5.000 millones anuales: 100.000 viviendas o 50.000 cuadras.
Mientras tanto, el presupuesto provincial destina a las obras del Salado poco más de USD 4 millones. Es apenas el 0,2% de lo que está en juego.
Hay gente que vive en pueblos y ciudades de la zona productiva y siente al campo como algo lejano. Pero cuando el agua tapa los lotes, se frena todo lo demás: el comercio, el taller, el transporte, la industria, el empleo. Lo que pasa en el campo también se siente en el mostrador del negocio del pueblo.
Y el riesgo no termina aquí: entramos en el último trimestre del año y los especialistas anticipan que El Niño alcance su punto máximo hacia fines de 2026. El Niño se anticipa como un escenario de lluvias por encima de lo normal, pero sin una cifra oficial aún de cuánto aumentaría el régimen en este tercer trimestre. El riesgo se agrava por las condiciones del terreno: la cuenca del Salado bonaerense corre más peligro porque ya tiene el agua muy cerca de la superficie, y por su geografía de depresión, sin canales ni ríos que desagoten, donde según los productores las inundaciones se repiten cada cuatro o cinco años.
Terminar las obras del Salado no es un pedido de un sector. Es cuidar el motor de toda una región.
Fuente: CampoInfo

