Una falacia como estrategia:

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La Falacia del «ápice» o del extremo, consiste en tomar los casos más exitosos o visibles de un grupo y presentarlos como si representaran a todo ese grupo. A veces es un error lógico frecuente, pero otras tantas es una herramienta discursiva usada intencionalmente para construir determinadas políticas públicas.

Un ejemplo aparece cuando se instala la idea sobre todo un sector: “todos los del sector rural son ricos”. Para sostener esa afirmación se suelen mostrar los casos más llamativos: los grandes productores con miles y miles de hectáreas, los quienes tienen la maquinaria más moderna y los más altos niveles de facturación. Sin embargo, esos ejemplos pertenecen al extremo superior del sector, no a su realidad promedio.

Cuando esa imagen se repite una y otra vez en el debate público, funciona como una estrategia de legitimación: si se logra que la sociedad crea que todo el sector agropecuario tiene altísimos ingresos, entonces resulta más fácil justificar tasas o impuestos extremadamente elevados sobre esa actividad.

El problema es que el argumento parte de una premisa falsa. La mayoría de los agricultores son pequeños o medianos productores, con márgenes demasiado variables, con una muy alta exposición al clima y los mercados, y con costos crecientes. Diseñar cargas fiscales pensando solo en el “ápice” (extremo) del sector implica trasladar obligaciones pensadas para unos pocos a una mayoría que no tiene ni cerca esa capacidad económica.

Por eso, la falacia del ápice no solo es un error lógico: también es una narrativa útil para sostener una mayor presión fiscal, apoyada en una imagen simplificada y completamente distorsionada de la realidad productiva. Aquí vale aquello de que «cualquier parecido con la realidad NO es una mera coincidencia».

Insistir en estos enunciados es tan nefasto como contribuir a generalizar otra afirmación igual de errónea y que grafica muy bien la «falacia del ápice»: «todos los políticos son corruptos».

Fuente: CampoInfo

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