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El buzo profesional pehuajense, Néstor Castro, informó sobre una práctica para equipos de rescate que dictará en Laguna Cuero de Zorro del lado de América. Se trata de una actividad pocas veces vista por el riesgo que representa, que comienza a las 14 horas con una charla informativa sobre todas las prevenciones a considerar para la actividad práctica que inicia a las 22 horas, y consiste en navegar 2500 metros hasta el lugar de un teórico accidente trabajando en buceo con equipo completo; y al finalizar, las embarcaciones se detienen a 150 metros de la orilla para que cada participante llegue a nado. Explicó que desde las embarcaciones no se logra ver a los participantes, que están identificados con números, “yo grito el número y pregunto cómo está, se espera respuesta para continuar con los demás” dijo, y agregó que en caso de no haber respuesta se entiende que hay un problema, por lo que el número más cercano debe tomar contacto para asistir. La actividad continúa al día siguiente con un recate de un vehículo en un canal a 250 metros, con una víctima en el interior, que cuando están en pleno rescate, reciben el alerta de que el vehículo está cargado con explosivos.
30 años del rescate del ángel en Carhué
En otro orden de temas, Néstor Castro informó que ya recibió la invitación formal para el homenaje del rescate del ángel el Carhué, ya que el año próximo se cumplen 30 años de aquella particular tarea, y los organizadores quieren asegurar su presencia. Recordó que en esa época dictaba cursos en esa ciudad, se había quedado charlando con el cuartelero de Bomberos, y se fue a dormir, hasta que a las 2.30 de la mañana escuchó una vibración. “Pensamos que era la explosión de una garrafa” dijo, para relatar que más tarde avisaron que se había roto el terraplén. Recordó que en un día, el pueblo quedó bajo 4 metros de agua.
Cuando fue convocado para el rescate del ángel, Castro realizó la tarea previa y le indicaron que se trataba de una escultura de aproximadamente 300 kilos, pero cuando bajaron y lo vio, se dio cuenta que era mucho más, “aunque no pensé que tanto” dijo, y contó que las herramientas que usaron se rompían, lo que dificultó mucho la tarea. Al final, hicieron una plataforma con 8 tambores de 200 litros para transportar la escultura a la orilla, y se empezó a hundir. “Yo le rezaba a Dios para que no pase, porque estábamos muy cansados para seguir trabajando” contó, y relató que en el tramo final solo se veía la imagen del ángel, y la plataforma estaba sumergida, pero se logró rescatar. Después hubo una fiesta, una caravana y las sirenas de bomberos para celebrar el rescate, y la imagen, que finalmente se determinó que pesaba 860 kilos, fue donada al Cuartel de Bomberos donde se encuentra actualmente.
Néstor Castro recordó varias anécdotas de aquel trabajo, destacando que en un momento le marcaron la pileta del club y se acercó hasta el lugar, descendió hasta el fondo de la pileta y en ese punto, la profundidad del agua era de 8 metros.

