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Notas de opinión 1

Publicado en agosto 26th, 2017 | por jose rodolfo

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Viaje al norte

La manera clásica  de contarles un viaje al norte sería, tipo revista “Lugares”, describir fotos de una belleza salvaje, munido de un diccionario y un largo listado de sinónimos para adjetivar el espectáculo natural que te acalambra los ojos!!
No quiero apelar a ese recurso. Es muy fácil, si te das algo de maña para escribir, lograr esa emoción.
Si te describo a ese collita arropado con colores encendidos bajo su sombrerito negro, esa carita sucia que me recita una copla desde su orfandad: “en la punta de aquel cerro crece una planta de albahaca, sino me das una monedita no te me vas de Humahuaca”. Así te puedo arrancar una sonrisa para empezar a mostrarte otro tipo de viaje.
Un viaje sobre la tierra doliente, yerma. La tierra de los salares en la altura de la puna, los cóndores, la calma o el viento repentino y en medio de todo eso… el hombre en esa circunstancia.
En idioma de folleto de agencia de turismo los escritores pueden decir las cosas mas lindas sobre estos paisajes que te quitan el aliento… y seguramente te despertarán las ganas de largarte a la aventura. Para eso escriben, son un engranaje de esa industria.
Pienso yo que esas descripciones son escritas por gente, que en la mayoría de los casos, nunca visitó el lugar realmente. No digo que no hayan estado, si quiero decir que quizás, no hayan conectado.
Nunca leí un folleto que describa lo que significa vivir a 4000 metros de altura. En un lugar maravilloso, increíble… ¡único!! Y trabajar allí, desplazarse a pié con un atado de ramas de espinillo en la espalda y los brazos ocupados con las herramientas de limpiar la acequia.
Para observar desde una 4×4 con el climatizador a full es una imagen como para inmortalizar en el álbum…
Un folleto te describe la puna y el desierto de Atacama, no como sitios ignominiosos, sino como la belleza paralizante que efectivamente, también son.
A mi me pasa que veo entre líneas y te cuento que lo que veo es la nada misma a una altura imposible donde reinan el frío y el calor extremos bajo un cielo siempre límpido, pero mas vale que nunca se te quede el auto!!.
Mi viaje pasa por ese lado. Por hablar con la gente del lugar, con ese patrón de finca de Payogasta que vive allí con su personal Coya y Aymara y que me cuenta como es el dolor de cabeza permanente por la falta de oxígeno. Con lo difícil que se ha puesto ahora que el gobierno se ha enloquecido con los impuestos y “La Virginia” ya no le paga como antes la cosecha de pimiento.
La realidad local suele ser distinta a la belleza del marco geográfico que te muestra el folleto de la agencia que yace sobre el mostrador de conserjería del hotel Salta.
La primera plana del “Tribuno” te cuenta con letras de molde, diría Cristina, que “El tren de las nubes” ha descarrilado por milésima vez y ha dejado varados a los pasajeros que tuvieron que caminar largas horas hasta que los rescataran. Una delicia de nuestra década ganada ¡que los Romero no perdonan!.
Cuando uno viaja por la Argentina puede saber por que provincia va pasando según la jeta del corrupto que se ve en los carteles. Por ejemplo, si lo ves a Alperovich y Mansur, estas en Tucumán… y cuando aparece la de Urtubey es porque ya pasaste a Salta.
Para los amantes de la cordillera, Tucumán es una buena puerta, claro ejemplo de que además de lo que se ve hay algo mas. Mucho mas. Solo hay que mirar y escuchar porque la música esta allí.
“La música nos rodea, lo único que hay que hacer es escuchar” dice el final de August Rush.
Si bien en Salta es evidente que la “oferta” está manejada con mas nivel y respeto por las tradiciones y la historia, la “demanda”, es siempre la misma. En su mayoría (hay excepciones gracias a Dios) deambulan profanadores que consumen enlatados de agencia, recorriendo en masa sin ver nada de lo que trato de describir.
Esta quien desfila en yoguineta de color flúo para treparse al burrito del Coya. Quien da gritos grititos nerviosos mientras el marido no baja de la combi. Quien muerto de vergüenza por desear que la gorda desbarranque por la “cuesta del obispo”, abrazada al burro y al Coya.
Un poco mas allá, los pasajeros de una SW4 mean disimuladamente atrás de la camioneta  mientras divisan cual de las lindas piedras de la ladera se robarán para la mesa del living de la casa de la quinta.
La demanda deambula. La oferta espera… y avisa que es preexistente.
Para los amantes y conocedores de la cordillera, en el norte, se ve que hay algo distinto. Algo que ya estaba. Algo que resiste, que resistió desde siempre, que resistió a la colonia pero que eligió aceptar de ella la fe, por eso está lleno de templos.
Resistió también a la organización de la patria Argentina en silencio resignado. Por eso no se ve respeto por la memoria del ejercito del norte de Belgrano, la pasión y muerte de Lavalle o la gesta valiente de Guemes.
Los hechos históricos de la nueva patria son explotados por la política y las agencias de turismo pero le fregan al “Omaguaqueño originario”.
El norte es una patria aparte. Es una verdad que se ve apenas llegas. Pero hay que prestar atención.
En el norte se vive bajo amenaza. Para muestra basta un cartel que se ve en los puentes que cruzan la autopista: “TUCUMANOS, OJO CON TRAICIONAR!! CRISTINA CONDUCCIÓN, ALPEROVICH GESTIONA. Es ancestral!!! Todo funciona bajo extorsión.
Si el centro del norte es SALTA, entonces Salta es Salta. Salta no es Argentina. En todo caso sería la argentina SALTEÑA.
Si conoces la cordillera me darás la razón. En el sur no se nota la presencia de civilizaciones anteriores. Todo parece empezar a partir de la llegada de porteños que le escapan a una vida anterior. Los mapuches son un reclamo trucho. Se nota de lejos que son mas usurpadores que Capozzolo o Perez Companc.
El norte es distinto, la cordillera te dice en su idioma que vos no sos de allí y que lo que estas viendo proviene de otro saber que es ancestral. Solo que nosotros no escuchamos. Nosotros deambulamos inconcientes entre puestos de baratijas comprando artesanías fabricadas en Aldo Bonzi para vestir nuestras casa quintas y recordar que un día llegamos a Tucumán, Salta y Jujuy.
Es verdad, llegar a Salta te conmueve. Salta es marca. Allí podes dormir en la casa de un gobernador realista o en una finca recibida en encomienda del reino de España por un señor que murió sin llegar a conocerla. Por donde camines sentís que lo haces sobre los pasos de alguien que pasó antes. Alguien de otra cultura que realizó obras para que vos admires.
Los Valles Calchaquíes, la puna, la quebrada de Humahuaca… y sigue la lista, son sitios que te interpelan. Te piden respeto y te preguntan cual es tu función allí. Te muestran la cara de lo eterno para que vuelvas a tu casa pensando que te queda poco tiempo para dejar tu huella.
Que lindo país tenemos!! ¿No es cierto Alba Kotur?
Juan Martín Perkins.

 




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