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Notas de opinión 1

Publicado en marzo 4th, 2018 | por jose rodolfo

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Tren Bala

Es sabido que tenemos propensión a poner siempre culpas en terceros. No asumimos las propias.
Es muy argento desde 1910. Los revisionistas decretaron que había que tener vergüenza de la forma en que nos habíamos convertido en un país pujante. Somos los acomplejados del primer centenario porque el revisionismo nos enseñó, y nos sigue enseñando, a aborrecer a la generación del 80 y la manera en como organizó el país.
Roca es el demonio junto a Avellaneda, Sarmiento, Mitre y demás secuaces que aplicaron principios progresistas y liberales. ¡Hay que bajarlos de los monumentos!!!
Vuelvo al punto, siempre ponemos en terceros las culpas de nuestros fracasos y frustraciones. Cuando no en los genocidas y oligarcas de adentro, entonces nos dedicamos al imperialismo. Todos nos oprimen y nos chupan la sangre. Pobres de nosotros que éramos un gran proyecto de país, hasta que todo el mundo conspiró para hacernos fracasar.
No es así. Hace 100 años que somos autodidactas del fracaso.
El problema de la educación pública no tiene responsables, salvo el demonio a designar. Puede ser la gobernadora, Rita Arriarán, el presidente…. Los demás, 40 millones de víctimas. ¿Es así?
Esta semana hice un viaje a la cordillera y vi otro ejemplo de una decadencia que, pareciera, fue obra y gracia del Espíritu Santo, los trenes.
Por donde vayas, hasta el último confín de la patria, vas a encontrar ruinas de un pasado ferroviario. ¡¡Y que pasado!!.
Fuimos algo superior. Una gran promesa de país que no nos animamos a ser.
Llegábamos al Pacífico con los trenes. Eran un lujo de capitales británicos porque éramos un país abierto.
Los revisionistas te cuentan que en La vuelta de Obligado rechazábamos una invasión pero no te dicen que, mientras, los ingleses y franceses ya estaban tendiendo vías para que, entre 1860 y 1870 ya tuviéramos el ferrocarril.
El revisionismo te enseña que lo hicieron para esquilmarnos y llevarse nuestras riquezas, por eso confluían en el puerto. Todo parte del mismo complejo conspirativo. El mundo chupando la sangre de las venas abiertas de America Latina… (aunque Galeano haya confesado que hoy no escribiría ese libro).
A fines de 1947 vencía la ley Mitre de 1907 que derogaba el sistema de garantía de beneficios otorgado en 1860 que les daba la exención de los impuestos sobre los equipos y materiales importados a las compañias ferroviarias.
¿Que hicimos entonces?
Los británicos gestionaron la posibilidad de asociaciones con inversiones argentinas con la esperanza de desarrollar empresas mixtas con capitales argentinos… pero no. ¡Gringos go home!!
Se instaló que el movimiento obrero exigía la nacionalización y que era un proceso largamente reclamado.
Ni lerdo ni perezoso, Perón olfateó rédito político y encaró. A su juego lo llamaron. La Fraternidad pidió la nacionalización y Perón hizo como que echaba a los ingleses cuando ya se iban solos. ¡Fuera!
El 1 de marzo de 1948 una multitud se dio cita en la plaza de Retiro de Buenos Aires para celebrar el evento. ¿Sabes como llamó el Pocho a los ferrocarriles? Adiviná. Sarmiento, Roca, Mitre, Urquiza, San Martín y Belgrano… ¿en quienes pensaste? ¿En Inakayal, Sayhueque, Calfucurá, Catriel, Pincen…?.
Nooo, Perón no era tan progre como para apelar al relato “originario“.
Ese 1° de marzo se festejó en todas las estaciones del país. Se programaron actos que contaron con el entusiasmo del gran pueblo argentino salud!. Se dictaron resoluciones que se hicieron publicar en todos los periódicos de la época para que los festejos fueran multitudinarios… y lo fueron.
Bueno, ¿y qué pasó? Cantamos el himno, nos golpeamos el pecho, puteamos a los ingleses, gritamos viva la patria y después… empezamos la destrucción del ferrocarril. Una larga decadencia que terminó en la agonía del famoso y recordado: “ramal que para, ramal que cierra” de Carlos Saúl, nuestro gran demonio “neo liberal” designado en ese momento para purgar las culpas del gran fracaso nacional.
Como con la educación… nadie fue.
Como con los 70, los Montoneros y la posterior represión… nadie fue.
Nadie fue. O mejor dicho, siempre es algún demonio que nos releva de la culpa.
Esto de creer que los demonios se llevan las culpas es una idiotez bien argenta. Puro pensamiento mágico mas ligero que el tren bala.
Juan Martín Perkins.

 




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