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Notas de opinión 1

Publicado en octubre 27th, 2018 | por jose rodolfo

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EL MATADERO

Cuando vi la utilización de la Santa Misa en la casa de nuestra Madre de Luján sentí pena y vergüenza.
Algunos amigos hicieron referencias a La Mafia, otros a El Padrino de Coppola y a la Cosa Nostra.
Coincidieron  en que esa primera fila ante el altar era la imagen de la Camorra..
El capo di tutti i capi, Hugo Moyano y su bambino Don Pablo, pidiendo la bendición junto a su sociedad secreta criminal, la Cosa Nostra Sindical.
A mi me hizo acordar a un cuento de Esteban Echeverría que pintaba la relación entre el poder y la Iglesia de su época.
El cuento se llama “El Matadero” y es una obra maestra que leí por primera vez en mi paso por el Colegio Nacional, en tiempos en que todavía no obligaban a leer a Rodolfo Walsh.
La imagen de la plaza de la Basílica durante la homilía del obispo Radrizzani me llevó al Buenos Aires 1830 y pico durante los días de cuaresma.
Imaginen, en tiempos de Rosas, el restaurador de las leyes que gobernaba con mano firme la Santa Federación.
Faltaba la carne por el precepto que ordena vigilia y abstinencia a los estómagos de los fieles.
Los abastecedores, como buenos federales y por lo tanto buenos católicos, sabiendo que el pueblo es dócil como para someterse al mandamiento, solo traen en días cuaresmales al Matadero los novillos necesarios para atender las necesidades de los niños y los enfermos disculpados de la abstinencia.
Sucedió a fin de cuaresma que se desató una tormenta que provocó una terrible inundación que lo anegó todo. Las copiosas lluvias inutilizaron caminos y transformaron a Buenos Aires en un gran pantano.
El Matadero se cerró y no hubo carne ni para el restaurador.
Los beatos y beatas gimoteaban haciendo novenarios. Los predicadores atronaban el templo y hacían crujir el púlpito a puñetazos diciendo que la cólera dívina se estaba derramando en inundación.
Ay de vosotros pecadores, ay de vosotros impíos unitarios que os mofáis de la Iglesia, de los santos y de los ungidos para gobernaros!!!
¡La justicia de Dios y de la Santa Federación os declarará malditos!
Las pobres mujeres salían sin aliento anonadadas del templo echando las culpas de aquella calamidad a los impíos y salvajes unitarios.
A pesar de los rezos continuó lloviendo a cántaros acreditando el pronóstico de los predicadores y las campanas comenzaron a tocar rogativas por orden del muy católico restaurador.
Digo que el festival de Radrizzani y Moyano me recordó a “El Matadero” porque el cuento retrata maravillosamente la primera grieta argentina, Unitarios y Federales, que derivó en una guerra civil. Somos tan reiterativos que todavía seguimos repitiendo tan inútiles prácticas. Todavía gimoteamos cual beatos, oraciones por las mismas hipocresías.
Ahí están los gordos de parrillada completa de asado, achuras, chorizo. morcilla y papas fritas rejilla con Trumpeter Cabernet franc.
Llegan a la casa de la Madre en Audi, Mercedes y BMW blindados, echando culpas del diluvio y la falta de carne a los impíos y salvajes unitarios.
Nada cambió, plegarias de “los gordos” por Paz, Pan y Trabajo ante el supuesto de que el diablo, con la carne “NEO LIBERAL”, se nos ha metido en el cuerpo y la Iglesia tiene el poder de conjurarlo.
Finalmente el temporal amaina, el Plata se amansa, las aguas bajan y se escurren, el Matadero reinicia tareas y los primeros novillos faenados van de regalo al restaurador y el clero… ¡Viva la Santa Federación!¡Viva el Restaurador! ¡Mueran los salvajes e impíos unitarios!
Es un cuento que tiene 200 años pero parece escrito ayer. Seguimos con el mismo cuadro, los mismos argumentos, la misma grieta, los mismos métodos para obtener poder.
Desollados en el barro entre las ratas gordas muertas por la inundación, la sangre y los excrementos de las vanidades, la hipocresía y los privilegios en nombre del bienestar del pueblo por la gracia de Dios.
Al final de la fiesta… el obispo dio una bendición a los amigos de la primera fila sin nombrar a ninguno para no olvidar a otros. “Bueno, chau! Gracias! Rajen que esto se acabó” (y viene la poli falto decir).
Sentí pena y vergüenza por la utilización de la casa de nuestra Madre para dar cobertura política a criminales que deberían estar presos si tuviéramos justicia terrena…
Pena y vergüenza por la jerarquía de la Iglesia que no esta viendo que su “modelo” está siendo causa y no solución.
Juan Martín Perkins.

 




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