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Notas de opinión 1

Publicado en enero 13th, 2018 | por jose rodolfo

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Aníbal y Margarita

Difícil la tarea de evadirme de la realidad para hacer la columna de hoy.
Mucha bronca. Demasiado talento al servicio de la bronca… y no está bueno buscar todo el tiempo el pelo al huevo.
Ejércitos editoriales combaten por reescribir la historia para torcerla a su conveniencia. Así es como descontextualizan.
Esta semana lo mataron a Facundo Arana, después a Cacho Castaña, bajaron a Roca en Zarate para poner a Alfonsín (cosa que nadie objete nada), cambiaron el final que Georges Bizet le dio a Carmen, para que sea ella quien mata a Don José… la chica que mata a su novio con dos balazos, un amor que no es violencia de género. El papa que nos sobrevuela pero no mira ni de reojo. Tráfico de presos que entran y que salen mientras sigue el festival de bolsos…
¿Cómo puedo contarles algo lindo? ¿Cómo salgo de este chiquero lleno de adjetivos descalificatorios, ofensas y rencores?
Un antídoto sería que les cuente sobre Aníbal y Margarita.
Los conocí siendo un niño y fueron un ejemplo para mí. Padres de 2 hijas mellizas Mercedes y Leticia, que fueron mis compañeras de escuelita rural en Las Juanitas.
Aníbal me enseñó a andar a caballo cuando era muy chico. Me sacaba al campo y se ocupaba de mi seguridad.
Era ágil y siempre dispuesto. Generoso con su fuerza y apurado. Siempre puntero para galopar y para todo. Siempre hacía una de mas, y a pesar de vivir en el puesto, era el primero en llegar al toque de campana.
Ya grandes, Aníbal y Margarita, le alquilaron el campo a Alustiza y se fueron a vivir con sus vacas allá, al rayo del sol, en una casilla rural. Hicieron su sombra, sus comodidades, corrales y aguadas. Todos los días pasaba por el camino y los dos me levantaban el brazo saludando. Tomábamos mate, conversábamos cosas del campo, la familia, los nietos, los achaques del cuerpo, las fuerzas que empiezan a mermar pero que son suplidas por un espíritu inquebrantable.
Les he comprado terneros alguna vez y también la mejor yegua que tuve en mi vida. Una colorada domada por Helio, el nieto preferido.
¿Por qué les cuento de Aníbal y Margarita? Porque son una historia linda, de los mejores ejemplos que tuve en mi vida. Un matrimonio que se amó y permaneció unido contra viento y marea. Con ellos me cerró eso de “contigo a pan y cebolla”. Y que el hombre no separe lo que Dios ha unido.
Tengo muchas charlas con los Amandi. Inolvidables por la sabiduría de los años de filosofía campera.
Nunca les escuché un lamento una agachada o una mala intención.
Esta semana de agobio, con tanta idiotez y enojo, me es muy necesario recordarlos. Los extraño.
Extraño lo que ellos representan en mi memoria. La vida real, la profunda, la leal, la sincera.
Me gustaría volver a esos momentos en que nuestras preocupaciones eran otras, las cuestiones sencillas.
Ni el Nokia 1100 nos alteraba la paz. Éramos mas amables, mas gauchos y leales.
Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso.
Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar lo que es ofensivo de lo que no lo es y establecer una frontera entre lo políticamente correcto y lo incorrecto.
Hay personas que no se ofenden nunca; otras, en cambio, tienen la sensibilidad a flor de piel.
La ofensa no está en el emisor sino en el receptor.
La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema.
La corrección política es muy ineficaz para afrontar la injusticia, la discriminación, la maldad. Es solo un recurso típico de mentes superficiales de esas que hablan pero no resuelven nada.
Puede, tal vez, que los “correctos”, se sientan un poco mas cómodos… pero es a fuerza de instaurar la cultura del miedo en los demás.
Creo que, secretamente, todo el mundo se está hartando del palabrerío hueco de la corrección política.
Creo, como dice Clint Eastwood, que esta generación de blandos que camina como pisando cáscaras de huevo, necesita volver a las fuentes. Necesitamos volver a tomar mate con Aníbal y Margarita bajo la sombra del paraíso para hallar nuevamente nuestro libre pensamiento. Renunciar a eso es estúpido y cobarde, porque pone en cuestión hasta los principios de la democracia.
Como Aníbal y Margarita Amandi, debemos ser respetuosos con todo el mundo, pero también tenemos que expresar con libertad nuestras ideas y dar testimonio de ellas con amor, libertad y orgullo.
Juan Martín Perkins.

 




One Response to Aníbal y Margarita

  1. Mary Ibañez says:

    Excente como siempre Juan!

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