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Publicado en junio 15th, 2019 | por jose rodolfo

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14 DE JUNIO

Ayer, 14 de junio, fue un nuevo aniversario del final de la Guerra de Malvinas, pero nuestro calendario solo tiene lugar para lo que aprueba el ministerio de la alegría.

He escrito mucho sobre Malvinas. Cada año rescato alguna historia de las que abundan por centenares. Pero esta vez llegó a mis lecturas un testimonio sin firma que me impresionó por lo fresco, auténtico y actual, me propongo compartirlo con ustedes.
Pensé para mis adentros, este que escribe debe ser un milico. Averigüé y, efectivamente, lo era. El ser Castrense es inconfundible.
Un tal, desconocido Teniente Coronel Pugliese resultó ser el autor del testimonio que tuve en mi poder un lluvioso, frío y triste 14 de junio, no tan triste como aquel de 1982.
Dice el Tte Coronel que:
 “Hoy 14 de junio todo había terminado… todos los esfuerzos de nuestros valientes habían provocado horrorosas pérdidas para el enemigo inglés, no solo en lo material, también la cantidad de perdidas en vidas humanas de su parte… no lo habían soñado ni en la peor pesadilla.
Su aventura colonialista los había llevado a gastar los presupuestos militares de muchos años, a movilizar la flota más grande que se haya movido desde la II Guerra Mundial.
El gobierno británico les dijo a sus soldados que iban a castigar a un montón de indios que les habían arrebatado las islas y que sería un pic-nic.
Un acto de soberbia imperialista desató una guerra innecesaria y a trasmano de los tiempos.
No fue un pic-nic, así lo reconoció el Gral Jeremy Moore en su libro.
Aprendieron en la madrugada del 2 de abril que un marino gravemente herido con una granada en la mano hizo arrugar a los Royal Marines en la casa del gobernador Rex Hunt que no se animaron a tomarlo prisionero. Acto seguido, aprendieron a rendirse sin tener muertos y heridos en sus filas.
Así la flota más moderna de la OTAN aprendió que era vulnerable a aviones cazabombarderos de los años 60, que sus misiles antiaéreos no eran la joya bélica infalible que creían.
Aprendieron que soldados de 18 años, tras permanecer 2 meses en un pozo con agua y sin paga extra por combatir en fin de semana dieron todo de si… y más! En la dura prueba de matar o morir por la Patria.
Aprendieron que solos no pueden ir ni a la esquina sin la ayuda de EEUU y otros países más que se presten a invasiones por territorio o recursos naturales estratégicos.
Aprendieron que sus pilotos de combate no pudieron dejar fuera de uso una pista de 918 metros que estaba inmóvil mientras nuestros Halcones hundían sus buques ágiles, rápidos y escurridizos de poco más de 100 metros de eslora.
Aprendieron que sus comandos S:A:S no pudieron dejar fuera de combate a los aviones estacionados en la pista de la Base Naval de Río Grande, no pudieron repetir las hazañas de el norte de África durante la II Guerra y encima les salió muy caro.
Aprendieron que no conviene llamar INVENCIBLES a sus buques.
Aprendieron que un cuatrimotor de transporte se puede hacer bombardero y realizar el hundimiento más grande de la historia, récord mundial en toneladas.
Aprendieron que aviones civiles pueden llegar a duplicar en el radar las imágenes de los aviones atacantes sembrando la duda y obligando a gastar medios de defensa.
Aprendieron que nombres como Estévez, Cisneros, Giachino, hoy son estudiados en academias militares de todo el mundo. Y son modelo de soldados.
Aprendieron que nuestros pilotos de combate son invitados a dar clases magistrales y son recibidos con alfombra roja en todo el mundo.
Nosotros, como pueblo, no aprendimos nada. Vivimos de frente a nuestras necesidades pero dando la espalda a la Patria y a nuestros soldados. No aprendimos a darle el justo valor a la entrega, al servicio abnegado, al sacrificio.
Nos moviliza la selección cuando juega, pero si pierde el partido caemos nuevamente en la abulia espiritual.
No somos pobres por nuestros problemas económicos sino por nuestra falta de espíritu nacional que nos distrae de nuestro destino como Nación.
BRAVOS DE MALVINAS… GRACIAS POR TANTO, PERDON POR TAN POCO”
Hablar sobre el estigma militar me valió un repudio en el Concejo Deliberante de mi pueblo. Lo tomé como un alto honor que me distingue como un ciudadano que no resigna la dignidad de la verdad.
Hablar de Malvinas es una terapia de alivio de conciencia.
Juan Martín Perkins.

 




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